Morder suele ser un problema común con los niños pequeños.
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Cuando un niño muerde o lo muerden, es seguro que lo siguiente será una respuesta emocional fuerte. Los niños y los adultos pueden experimentar sentimientos abrumadores de miedo, enojo, frustración y culpa. No debe tolerarse que un niño de cualquier edad muerda. No es seguro, ni socialmente aceptable, ni útil para crear un ambiente positivo para los niños. Y sobre todo: ¡las mordidas duelen!
Es importante entender por qué los niños muerden para detener el problema. Así que, ¿qué hace que un niño muerda?
La mayoría de las mordeduras se producen entre niños pequeños que tienen habilidades del lenguaje limitadas o formas limitadas de expresar sus sentimientos. Las presiones para mantener el ritmo agitado del mundo de los adultos pueden ser estresantes para los niños pequeños. Los niños suelen necesitar más tiempo que los adultos para pasar de una actividad o contexto a otro, como ir desde la casa a la guardería o de la cena a dormir; y situaciones como una mudanza, un divorcio o un nuevo hermanito pueden causar frustración. Cuando surjan estas situaciones, enséñele a su hijo cómo demostrar sus sentimientos en forma apropiada y haláguelo cuando logra comunicarse.
Un niño también puede morder buscando atención, por agresión y necesidad de control o porque se siente amenazado. Puede estar tratando de proteger su espacio, sus juguetes o a sí mismo de alguna situación abrumadora. Darle atención cuando no está mordiendo y consolarlo para que se sienta seguro pueden ayudar a lidiar con el hecho de morder.
Los niños preescolares también pueden morder en forma ocasional cuando se frustran mucho o están muy cansados y pierden el control. Hasta el juego intenso como las cosquillas o la lucha durante un tiempo extenso pueden superar a un niño y hacer que muerda.
También puede suceder cuando le están creciendo los dientes porque las encías le duelen y están inflamadas y morder se siente bien. En esos casos, ofrezca al niño un bizcocho para morder, una rosca congelada o algún anillo duro de goma.
Hay muchas otras medidas preventivas que puede tomar para evitar que su hijo muerda desde el comienzo. Si usted es un cuidador o reúne niños para jugar, intente algunas de estas opciones:
- Evalúe el ambiente de los niños para asegurarse de que el espacio sea amplio, esté equipado y haya juguetes suficientes para que todos los niños estén ocupados y para minimizar el tiempo esperando para tomar turnos.
- Evite la sobreestimulación para los niños que se frustran fácilmente. Mantenga grupos pequeños y haga que los períodos de juego sean más cortos y con menos actividades exigentes.
- Aumente la supervisión adulta e intervenga antes de que aumenten los niveles de frustración.
- Enseñe la cooperación durante el día, demostrando palabras y frases que los niños usen para expresar sus deseos y sentimientos.
- Elogie el comportamiento cooperativo.
- Familiarícese con las señales que da el niño de que su ira of frustración están creciendo.
- Sea consciente de la situación actual del niño. ¿Los padres tienen un nuevo trabajo o exámenes en el colegio? ¿Hubo alguna pérdida o incorporación a la familia? Evaluar lo que el niño necesita ayuda a entender qué puede necesitar para que no tenga que recurrir a morder.
- Nunca estimule a un niño a devolver la mordida ni lo muerda para demostrarle que duele. Su mensaje siempre debe ser simple y claro: morder no es aceptable en nadie.
Cuando un niño muerde, los adultos deber intervenir rápidamente y en forma calmada y firme. Como los niños suelen morder cuando se sienten fuera de control y asustados, los padres y cuidadores pueden ayudar a los niños manteniendo el control. Tranquilice tanto al niño que muerde como a la víctima. Si es posible, mantenga a los niños a su lado mientras inspecciona y lava el área mordida con agua jabonosa calientita. Así, usted demuestra las consecuencias y la gravedad del comportamiento.
Motive pero no forcé al niño a consolar a las víctimas con palabras, abrazos o golpecitos en la espalda. Esto demuestra que se espera que haya amabilidad.
Evalúe qué fue lo que llevó a la mordida y enseñe a los niños acciones alternativas. Enseñe a los niños palabras que puedan usar para tener su turno, como por ejemplo “¿Puedo ir después?” o “Es mi turno ahora”. Sugiera formas aceptables para que un niño exprese su enojo o frustración, como golpear arcilla o dibujar algo.
Los niños pequeños pueden no entender que morder duele. Asegúrese de que entiendan que no está permitido morder y que va a impedirlo cada vez que suceda. Un niño fuera de control y asustado de su propio comportamiento necesita saber que los adultos lo ayudarán a controlarse hasta que pueda controlarse a sí mismo.
Para descargar nuestro folleto de “Cuando un niño muerde” y para encontrar otros folletos y podcasts de temas de crianza importantes, visite el sitio web de Children’s Home Society of CA en www.chs-ca.org.